Carta de las mujeres a las Congresistas de la República

Organizaciones firmantes

Carta dirigida a las Congresistas de la República de parte del Movimiento Manuela Ramos, Flora Tristán, Cladem/Perú, Demus, Observatorio del Derecho a la Salud

 

Señoras Congresistas:

Desde hace no menos de tres décadas, las mujeres peruanas se organizaron y empezaron a demandar al Estado - a nivel colectivo y orgánicamente- soluciones a los problemas que las aquejaban en diversos campos de su vida privada y pública.

Esta presencia de organizaciones de mujeres en la sociedad civil peruana, además de los movimientos sociales y políticos que se fortalecieron en procesos paralelos, se tradujo en planteamientos y propuestas destinadas a revertir un estado de cosas - valores, normas legales, usos y costumbres, estereotipos, entre otros- que discriminaba a la mujer y que confluían en un esquema de subordinación, y en general, de limitaciones impuestas desde fuera para el ejercicio de los derechos humanos y las libertades civiles consagrados en el siglo XIX y fortalecidos durante el siglo XX, pero que no habían llegado a las mujeres peruanas y que incluso hoy no llegan a amplios sectores.

No es necesario hacer un recuento histórico de las mujeres intelectuales, periodistas, activistas y políticas que en décadas anteriores fueron sancionadas, silenciadas y vejadas por atreverse a cambiar las cosas.

Sin embargo, es recién a partir de los años 60s y 70s que las banderas que levantaron muchas de aquellas mujeres, empiezan a cobrar fuerza como reivindicaciones colectivas a las que la sociedad ya no era indiferente.

La primera y tal vez más fuerte de las conquistas de las mujeres fue la posibilidad de que el Estado ingresara en el mundo privado de la familia y de las relaciones de pareja.

Con esto se inicia el cambio de un sistema que consagraba una serie de estructuras que favorecían el control y el dominio impune de quienes atentaban contra sus derechos, amparados en vínculos conyugales o de sangre.

Las organizaciones que hoy estamos en esta mesa, podemos señalar con satisfacción que participamos y estuvimos presente en estas conquistas. No fue nada fácil, pero hoy, casi treinta años despues estamos –si no satisfechas porque aún falta mucho por hacer- sí conscientes de que gracias en parte a nuestro aporte, ser mujer ya no es un destino, es una maravillosa oportunidad de realización y satisfacción.

Al relativo éxito de las movilizaciones y acciones desplegadas –que nos permiten tener hoy una sociedad que viene superando algunas brechas de género- contribuyó sin lugar a dudas la Comunidad internacional, el sistema de Naciones Unidas y el Interamericano.

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, los Pactos de Derechos Civiles y Politicos, la Convención para la Prevención y Erradicación de la Violencia Familiar (Convención de Belém do Pará), hasta fallos o sentencias de los tribunales internacionales, han ido forjando un entramado conceptual en torno a estas demandas y que hoy son pocos los que cuestionan su legitimidad.

El acompañamiento de movimientos sociales de otros países y la forja de una comunidad internacional de mujeres contribuyó tambien a dotar de visibilidad y contundencia los planteamientos por la igualdad y libertad de las mujeres.

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